¿Qué sucede en el cerebro cuando modelamos con plastilina?

 

Durante muchos años, la plastilina fue considerada principalmente un material para jugar, entretener a los niños o desarrollar habilidades manuales. Sin embargo, cuando observamos con mayor atención lo que ocurre mientras una persona modela, descubrimos que detrás de una actividad aparentemente sencilla existe una compleja combinación de percepción, movimiento, planificación, atención, imaginación, toma de decisiones y resolución de problemas.

 

Modelar no consiste únicamente en transformar una masa de plastilina en una figura. Antes de que aparezca esa figura, el cerebro tiene que imaginarla, anticipar cómo podría construirse, decidir qué hacer con el material y coordinar los movimientos necesarios para conseguirlo.

 

Por eso, la pregunta resulta fascinante: ¿Qué sucede en nuestro cerebro cuando nuestras manos comienzan a modelar?

La respuesta no es tan sencilla como decir que “se activa una determinada zona del cerebro”. El cerebro no funciona como un conjunto de interruptores independientes. Cuando realizamos una actividad compleja como modelar, diferentes sistemas perceptivos, motores y cognitivos trabajan de manera coordinada.

Y precisamente ahí comienza la verdadera riqueza de la plastilina.

 

Pensar con las manos

 

Una de las ideas más interesantes para comprender la relación entre plastilina y neurociencia es la llamada cognición corporizada, una perspectiva que plantea que nuestros procesos cognitivos no dependen exclusivamente del cerebro aislado, sino que también están relacionados con el cuerpo y con la interacción que mantenemos con el entorno.

 

Aprender haciendo no es simplemente una metáfora. Cuando manipulamos un objeto, recibimos información a través del tacto, la posición de nuestras articulaciones y músculos, la visión y el movimiento. Esa información se integra mientras actuamos sobre el objeto y comprobamos qué ocurre.

 

La investigación sobre aprendizaje corporizado ha estudiado precisamente cómo la participación del cuerpo puede integrarse en tareas educativas y cómo esa interacción puede contribuir al aprendizaje cuando la actividad corporal tiene una relación significativa con aquello que se quiere aprender.

 

Cuando un niño toma una bola de plastilina y decide convertirla en un animal, por ejemplo, no está simplemente “jugando con sus manos”. Está intentando transformar una representación mental en una forma concreta.

 

La idea necesita encontrar un camino para convertirse en materia.

 

Del pensamiento a la forma

 

Imaginemos que le pedimos a un niño que modele un dinosaurio. Antes de tocar la plastilina, probablemente ya tiene alguna representación mental de aquello que quiere construir. Tal vez recuerde un juguete, una ilustración, una película o una experiencia anterior.

 

Pero esa imagen mental todavía no es una figura. Ahora necesita preguntarse: ¿Cómo hago el cuerpo? ¿Cómo puedo construir la cabeza? ¿Dónde colocaré las patas? ¿Qué tamaño tendrán? ¿Cómo conseguiré que la figura permanezca de pie?

 

Cada una de esas decisiones obliga a relacionar pensamiento y acción.

El estudiante observa lo que está haciendo, compara el resultado con su intención inicial, detecta diferencias y modifica la figura.

 

En otras palabras, existe un proceso continuo de imaginar, actuar, observar, comparar y transformar.

 

Esta característica convierte al modelado en una experiencia particularmente interesante desde el punto de vista educativo.

 

El tacto también informa al cerebro

 

Uno de los elementos más importantes del modelado es el contacto directo con el material.

 

Cuando presionamos la plastilina, podemos percibir su resistencia. Cuando la estiramos, sentimos cómo cambia. Cuando la enrollamos, podemos reconocer su forma. Cuando unimos dos piezas, percibimos si la unión es suficientemente firme.

 

El cerebro recibe constantemente información procedente de esas acciones. No solamente vemos lo que estamos haciendo. También lo sentimos.La información táctil y propioceptiva contribuye a que podamos conocer las características del material y controlar nuestros movimientos. Por eso, una experiencia de modelado no es exclusivamente visual.

 

Esta característica adquiere una importancia todavía mayor cuando trabajamos con estudiantes que tienen diferentes formas de acceder a la información.

 

Un ejemplo particularmente interesante aparece en investigaciones sobre modelado con arcilla para el aprendizaje de estructuras anatómicas. Un estudio publicado en 2024 encontró mejoras importantes en la representación mental y espacial después de una intervención táctil con modelos de arcilla, especialmente en determinados grupos de participantes con discapacidad visual.

 

Esto nos recuerda algo fundamental: cuando una idea puede tocarse, también puede explorarse de una manera diferente.

Plastilina y motricidad fina

 

  • Modelar también requiere utilizar movimientos pequeños y coordinados.
  • Apretar.
  • Presionar.
  • Pellizcar.
  • Rodar.
  • Estirar.
  • Unir.
  • Separar.
  • Afinar.

 

Estos movimientos requieren coordinación y control. La investigación sobre intervenciones destinadas al desarrollo de la motricidad fina en niños pequeños ha encontrado efectos positivos de diferentes programas de intervención sobre habilidades como la motricidad fina, la coordinación visomotora y la destreza manual. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2020 analizó 31 estudios y encontró efectos moderados en diferentes resultados relacionados con estas habilidades.

 

Esto no significa que toda actividad con plastilina produzca automáticamente esos efectos ni que la plastilina sea responsable por sí sola de ellos.

 

La conclusión más prudente es otra: el modelado ofrece una oportunidad rica para practicar movimientos finos y coordinados dentro de una actividad significativa. Y esa diferencia es importante.

No se trata solamente de mover los dedos. Se trata de moverlos con un propósito.

 

Cuando las manos tienen un objetivo

 

Existe una diferencia entre realizar un movimiento repetitivo y utilizar ese movimiento para construir algo que tiene significado para nosotros.

Cuando un niño intenta colocar correctamente una pata de un animal porque quiere que pueda mantenerse de pie, existe un objetivo.

 

Cuando modifica una cabeza porque no se parece a lo que había imaginado, existe una intención.

 

Cuando vuelve a construir una figura después de que se cae, existe resolución de problemas.

 

El movimiento deja de ser solamente movimiento. Se convierte en parte de una tarea cognitiva.

 

Por eso resulta interesante relacionar la motricidad con el aprendizaje. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 encontró una relación estadísticamente significativa entre habilidades motoras finas y diferentes resultados académicos en niños, aunque se trata de una relación y no de una prueba de que desarrollar una habilidad motora produzca directamente mejores resultados académicos.

 

La ciencia nos invita nuevamente a evitar las explicaciones mágicas y a observar la complejidad del proceso.

 

Plastilina y representación espacial

 

Hay algo que la plastilina permite hacer especialmente bien: convertir conceptos tridimensionales en objetos que podemos observar y manipular.

 

Esto puede ser muy útil cuando necesitamos comprender estructuras cuya representación mental resulta difícil.

 

Anatomía, geometría, formas, sistemas, estructuras biológicas o incluso conceptos abstractos pueden adquirir una dimensión diferente cuando el estudiante tiene la posibilidad de construirlos.

 

Una revisión sistemática sobre el uso del modelado con arcilla en la enseñanza de la anatomía encontró resultados favorables en diferentes estudios, especialmente en el aprendizaje a corto plazo. Sin embargo, los autores también señalaron que todavía no existe evidencia suficiente para afirmar beneficios duraderos a largo plazo.

 

La investigación educativa más reciente continúa explorando esta línea. En un estudio con estudiantes de medicina, el modelado con arcilla se utilizó como herramienta para trabajar la representación mental de estructuras anatómicas y espaciales mediante una experiencia táctil y multisensorial.

 

Uno de los aspectos más interesantes es que el estudiante deja de ser únicamente observador.

 

Ahora tiene que construir. Y construir exige tomar decisiones.

 

La atención también entra en escena

 

Imaginemos nuevamente al niño que está modelando un dinosaurio.

Si quiere que permanezca de pie, tendrá que observar el equilibrio.

Si quiere que tenga cuatro patas, tendrá que controlar su posición.

Si una parte se desprende, tendrá que repararla.

Si el cuerpo resulta demasiado pesado, tendrá que modificarlo.

 

Durante todo ese proceso necesita mantener cierto grado de atención sobre la tarea.

 

Esto no significa que la plastilina sea una especie de “medicina para la atención”.

 

Sería científicamente incorrecto afirmarlo. Lo que sí podemos decir es que una actividad de modelado puede crear condiciones para una atención sostenida cuando plantea un desafío significativo, permite manipulación activa y exige mantener una meta durante el proceso.

 

En estudios de educación médica, por ejemplo, el modelado con arcilla se ha utilizado como herramienta de aprendizaje activo y se ha relacionado con participación y compromiso con la tarea.

 

La actividad, por tanto, no funciona simplemente porque exista plastilina sobre la mesa.

 

Funciona cuando existe un propósito detrás de lo que hacemos con ella.

 

Crear también significa resolver problemas Hay una característica de la plastilina que me parece especialmente poderosa desde el punto de vista educativo: casi todo puede transformarse.

  • Una figura puede estar mal proporcionada.
  • Una pata puede quedar demasiado grande.
  • La cabeza puede caerse.
  • El cuerpo puede ser demasiado pesado.
  • Una idea puede no funcionar.
  • Pero podemos modificarla.
  • Podemos quitar.
  • Podemos agregar.
  • Podemos aplastar.
  • Podemos volver a comenzar.
  • Y esto crea una experiencia muy interesante frente al error.

 

El error deja de ser necesariamente un punto final. Se convierte en información.

 

El estudiante puede observar lo que no funcionó y preguntarse qué necesita cambiar.

 

Esta dinámica está relacionada con procesos de resolución de problemas y flexibilidad en la acción, aunque sería exagerado afirmar que una sesión de plastilina desarrolla automáticamente todas las funciones ejecutivas.

 

Lo que sí puede hacer es proporcionar un contexto concreto en el que algunas de estas capacidades puedan ejercitarse de manera significativa.

 

La creatividad no está solamente en el resultado

 

Cuando hablamos de plastilina, muchas veces cometemos otro error: evaluar únicamente si la figura “quedó bonita”.

 

Pero la creatividad no puede reducirse a la apariencia del producto final.

Un niño puede crear una figura aparentemente sencilla y, sin embargo, haber desarrollado una solución extraordinariamente original para construirla.

 

Otro puede producir una figura muy elaborada siguiendo exactamente un modelo.

 

¿Cuál de los dos fue más creativo?

 

No necesariamente podemos responder mirando solamente el resultado.

 

La creatividad también implica generar posibilidades, combinar elementos, modificar estrategias y encontrar soluciones.

 

Por eso, cuando trabajamos con plastilina, resulta mucho más interesante preguntar:

  • ¿Qué imaginaste?
  • ¿Cómo decidiste hacerlo?
  • ¿Qué problema encontraste?
  • ¿Qué cambiaste?
  • ¿Qué descubriste durante el proceso?

 

Estas preguntas nos permiten observar algo que una fotografía de la figura terminada nunca podrá mostrar: el pensamiento que ocurrió mientras esa figura cobraba vida.

 

Plastilina y aprendizaje activo

 

La diferencia entre observar y hacer puede ser importante. En educación médica se han realizado investigaciones en las que los estudiantes utilizaron diferentes modalidades para aprender estructuras anatómicas, incluyendo dibujo y modelado con arcilla. Estos estudios sugieren que las actividades de construcción pueden aportar una dimensión activa al aprendizaje y favorecer la participación en determinadas circunstancias.

 

Una revisión sistemática publicada sobre el modelado con arcilla en anatomía encontró que 11 de los 12 estudios incluidos mostraron mejoras significativas en el conocimiento a corto plazo frente a otros métodos de enseñanza. Sin embargo, la misma revisión señaló que no existe evidencia suficiente para afirmar que el modelado mejore el conocimiento a largo plazo.

 

Esto conecta con un principio pedagógico muy sencillo:

No es lo mismo escuchar que hacer.

No es lo mismo mirar una estructura que construirla.

No es lo mismo leer sobre una forma que intentar reproducirla.

No es lo mismo recibir una respuesta que tener que descubrir cómo encontrarla.

 

La plastilina puede convertir una explicación en una experiencia.

Y una experiencia puede dejar una huella diferente en el proceso de aprendizaje.

 

¿La plastilina cambia el cerebro?

 

Aquí debemos detenernos un momento. La respuesta responsable es: no podemos afirmar que simplemente modelar con plastilina produzca cambios cerebrales específicos y garantizados.

 

El cerebro cambia a lo largo de la vida como consecuencia de múltiples experiencias y procesos de aprendizaje. Sin embargo, no debemos utilizar el concepto de neuroplasticidad como una palabra mágica para justificar cualquier actividad educativa.

 

Decir que “la plastilina genera nuevas neuronas” o que “activa ambos hemisferios cerebrales” sería una simplificación sin respaldo suficiente.

Tampoco existe evidencia que permita afirmar que una determinada actividad con plastilina produce automáticamente una mejora general de la inteligencia.

 

La neurociencia puede ayudarnos a comprender los procesos relacionados con percepción, movimiento, aprendizaje y experiencia, pero debemos evitar convertir cada descubrimiento científico en una promesa educativa.

 

La buena divulgación científica también consiste en saber decir:

“Esto todavía no lo sabemos con suficiente certeza.”

Entonces, ¿Por qué utilizar plastilina?

 

Después de revisar la evidencia disponible, quizá la pregunta correcta no sea si la plastilina tiene algún “poder especial”.

La pregunta podría ser mucho más interesante:

 

¿Qué oportunidades de aprendizaje crea cuando la utilizamos de manera intencional?

 

  • La respuesta incluye varias posibilidades.
  • Puede favorecer la exploración sensorial.
  • Puede proporcionar oportunidades para practicar habilidades motoras finas.
  • Puede ayudar a representar objetos y estructuras tridimensionales.
  • Puede convertir conceptos abstractos en experiencias manipulables.
  • Puede estimular la resolución de problemas.
  • Puede favorecer la participación activa.
  • Puede ofrecer oportunidades para tomar decisiones.
  • Puede permitir experimentar con el error y la transformación.
  • Puede servir como medio para desarrollar proyectos creativos.
  • Y, sobre todo, puede convertir al estudiante en protagonista de una experiencia en la que pensar y hacer ocurren al mismo tiempo.

 

De la plastilina al aprendizaje significativo

 

Aquí es donde la plastilina comienza a adquirir para mí un significado mucho más profundo.

 

  • Una pequeña bola de plastilina parece algo insignificante.
  • Pero en las manos de un estudiante puede convertirse en una célula.
  • En un planeta.
  • En un personaje.
  • En un órgano.
  • En una molécula.
  • En un animal.
  • En una historia.
  • En una emoción.
  • En una idea.
  • La materia cambia.

 

Pero también cambia la relación del estudiante con aquello que está aprendiendo.

 

Y quizá ese sea uno de los mayores valores educativos del modelado: hacer visible y manipulable aquello que antes solamente existía como una explicación.

 

Cuando el conocimiento puede tocarse, transformarse y reconstruirse, el estudiante deja de ser únicamente receptor de información.

Se convierte en constructor.

 

Las manos también aprenden

 

Después de tantos años trabajando con plastilina, cada vez estoy más convencido de que nuestras manos tienen una relación mucho más profunda con el aprendizaje de lo que solemos reconocer.

 

No porque las manos “piensen” de manera independiente del cerebro.

Sino porque aprender es una experiencia en la que cuerpo, percepción, acción, emoción, atención y pensamiento pueden relacionarse.

 

La plastilina simplemente nos ofrece un material extraordinariamente flexible para experimentar esa relación.

 

Por eso, cuando un niño toma una pequeña porción de plastilina y comienza a transformarla, quizá no deberíamos preguntarnos únicamente qué figura está haciendo.

 

Deberíamos preguntarnos también:

  • ¿Qué está pensando?
  • ¿Qué está descubriendo?
  • ¿Qué está intentando resolver?
  • ¿Qué está aprendiendo mientras sus manos trabajan?

 

Porque detrás de cada figura existe un proceso.

Y muchas veces, ese proceso es mucho más importante que la figura que finalmente queda sobre la mesa.

 

Una última reflexión

 

Tal vez por eso sigo creyendo que la plastilina es mucho más que un material para modelar.

  • Es una invitación a experimentar.
  • A tocar.
  • A imaginar.
  • A equivocarse.
  • A transformar.
  • A volver a intentar.

 

Y cuando una experiencia consigue reunir pensamiento, movimiento, percepción, creatividad y emoción alrededor de un propósito, estamos mucho más cerca de comprender lo que significa aprender haciendo.

 

Quizá la próxima vez que veamos a un niño modelando una pequeña figura no deberíamos pensar simplemente:

“Está jugando con plastilina.”

 

Tal vez deberíamos mirar un poco más profundamente. Porque mientras sus manos transforman una pequeña masa de material, su cerebro también está intentando transformar una idea en realidad.

Y cuando las manos crean, el cerebro también aprende.


Fuentes y bibliografía

 

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Nota sobre la evidencia

 

La bibliografía utilizada permite respaldar la relación entre aprendizaje corporizado, motricidad fina, manipulación de materiales, representación espacial y aprendizaje activo. Sin embargo, la evidencia específica sobre plastilina en niños y neurociencia todavía es más limitada que la evidencia disponible sobre estos procesos de manera general.

 

Por esta razón, este artículo evita afirmar que la plastilina por sí sola “activa el cerebro”, “crea nuevas neuronas”, “desarrolla ambos hemisferios” o produce automáticamente mejoras cognitivas. La interpretación más rigurosa es que el modelado constituye una actividad multisensorial y motora que puede integrarse de manera significativa en determinadas experiencias de aprendizaje.

Raúl Vásquez — Comunicador, Artista y Educador Creativo