Manos que aprenden
Neuroplasticidad y plastilina: cuando crear también transforma la manera de aprender
Durante mucho tiempo pensamos que el cerebro era una estructura relativamente fija.
Hoy sabemos que no es así. El cerebro cambia a lo largo de la vida como consecuencia de nuestras experiencias, nuestros aprendizajes, la práctica, el ambiente y las demandas que enfrentamos. Esa capacidad de modificar su funcionamiento y, en determinadas circunstancias, su organización estructural, recibe el nombre de neuroplasticidad.
Y aquí aparece una pregunta que me interesa especialmente desde mi experiencia trabajando con plastilina:
¿Puede modelar con las manos convertirse en una experiencia que favorezca procesos relacionados con la neuroplasticidad?
La respuesta necesita una pequeña dosis de entusiasmo y una gran dosis de rigor.
No podemos afirmar que "la plastilina crea nuevas neuronas" ni que "cada vez que un niño modela se le desarrolla el cerebro".
Eso sería convertir una idea científica interesante en un neuromito.
Lo que sí podemos decir es que aprender a través de experiencias sensoriales y motoras implica al cerebro en procesos de adaptación y aprendizaje, y el modelado con plastilina puede ofrecer un contexto especialmente rico para ello.
El cerebro cambia cuando aprendemos
Aprender algo nuevo no significa simplemente almacenar información.
Cuando adquirimos una habilidad, el sistema nervioso debe organizar y ajustar diferentes procesos para conseguir que esa habilidad se realice de manera cada vez más eficaz.
Esto ocurre, por ejemplo, cuando aprendemos a tocar un instrumento, escribir, dibujar, montar bicicleta o ejecutar una determinada secuencia de movimientos.
La investigación sobre aprendizaje motor ha demostrado que la adquisición de habilidades puede producir cambios funcionales y estructurales en los sistemas relacionados con el movimiento. Estos cambios no ocurren todos de la misma manera ni al mismo ritmo, pero forman parte de la capacidad del sistema nervioso para adaptarse a la experiencia.
En otras palabras:
el cerebro aprende modificándose.
La neuroplasticidad no es un botón que se enciende cuando hacemos una actividad determinada.
Es una propiedad dinámica del sistema nervioso que participa en nuestra capacidad de aprender, adaptarnos y desarrollar habilidades.
¿Y qué tiene que ver esto con la plastilina?
Mucho más de lo que parece. Cuando un niño recibe un bloque de plastilina y comienza a transformarlo, ocurre algo muy diferente de simplemente observar una imagen:
Percibir → actuar → observar → corregir → volver a actuar.
Ese ciclo es fundamental para el aprendizaje de habilidades.
Las manos no trabajan solas
Cuando decimos que "las manos aprenden", evidentemente no estamos afirmando que las manos tengan un cerebro independiente.
Es una manera sencilla de explicar algo mucho más interesante:
el aprendizaje ocurre mediante la interacción entre el cerebro, el cuerpo y el entorno.
Cuando modelamos, la información táctil, visual y propioceptiva se integra con la planificación y ejecución de movimientos.
La propiocepción, por ejemplo, permite obtener información acerca de la posición y el movimiento del cuerpo y de sus segmentos.
Gracias a esa información podemos ajustar nuestros movimientos sin necesidad de mirar constantemente nuestras manos.
Cuando un niño intenta hacer una esfera de plastilina, no está únicamente "aplastando un material":
La importancia de repetir, pero no de repetir siempre lo mismo
Aquí encontramos otra característica interesante del modelado. La neuroplasticidad relacionada con el aprendizaje no depende simplemente de repetir mecánicamente un movimiento.
La práctica importa, pero también importan la variedad, el desafío, la retroalimentación y la adaptación.
Imaginemos a un niño que intenta construir diez veces la misma esfera.
Probablemente desarrollará cierta familiaridad con esa acción.
Pero imaginemos ahora que después debe convertir esa esfera en una cabeza, hacer dos cabezas diferentes, construir un animal, modificar sus proporciones y finalmente inventar un personaje.
Esta característica ha sido estudiada incluso en educación superior. Una revisión sistemática sobre el uso del modelado con arcilla en la enseñanza de anatomía encontró que 11 de los 12 estudios incluidos mostraron mejoras significativas en el conocimiento a corto plazo frente a otros métodos, aunque los autores señalaron que no existe evidencia suficiente para afirmar una mejora del conocimiento a largo plazo.
Es una distinción importante:
la plastilina puede ser una herramienta de aprendizaje; no es una fórmula mágica de aprendizaje.
Cuando el cerebro tiene que imaginar en tres dimensiones
Hay contenidos que son difíciles de comprender únicamente mediante imágenes planas.
Una estructura tridimensional puede verse desde diferentes ángulos.
Puede tener partes ocultas.
Puede tener relaciones espaciales difíciles de imaginar.
Por eso, construir un objeto puede ayudar a desarrollar una representación espacial más concreta.
En un estudio realizado con estudiantes de medicina, la construcción de modelos tridimensionales con arcilla fue utilizada para enseñar estructuras periventriculares del cerebro y se encontró que esta estrategia podía ser una herramienta útil para el aprendizaje de neuroanatomía.
Otro estudio posterior investigó el uso del modelado con arcilla para representar estructuras tridimensionales y explorar la representación mental geométrica.
Estos estudios no demuestran que la plastilina produzca neuroplasticidad por sí misma.
Demuestran algo diferente y muy interesante:
manipular físicamente una estructura puede formar parte de experiencias de aprendizaje que exigen representación espacial y pensamiento activo.
Motricidad fina: pequeños movimientos, grandes aprendizajes
Modelar también implica utilizar movimientos pequeños y precisos:
La investigación sobre intervenciones destinadas a mejorar la motricidad fina en niños pequeños ha encontrado evidencia de que las intervenciones motoras pueden producir mejoras en diferentes aspectos del desarrollo motor fino.
Esto no significa que cualquier actividad con plastilina produzca automáticamente esos resultados.
Significa que las actividades que implican manipulación, coordinación y práctica motora pueden formar parte de experiencias útiles para el desarrollo de habilidades motoras.
Y aquí la plastilina tiene una ventaja evidente:
es un material que invita a mover las manos.
El error también puede ser parte del aprendizaje
Hay algo maravilloso en trabajar con plastilina: podemos equivocarnos sin destruirlo todo.
Modelar también obliga a resolver problemas
La neuroplasticidad necesita experiencia
Quizás este sea el punto más importante del artículo. La neuroplasticidad no debe convertirse en una palabra mágica.
Decir que una actividad "genera neuroplasticidad" no explica prácticamente nada si no sabemos:
Estas preguntas son fundamentales. La investigación sobre aprendizaje motor muestra que la práctica y la adquisición de habilidades pueden producir reorganizaciones en los sistemas neuronales implicados en esas habilidades.
Pero eso no significa que cualquier actividad produzca el mismo efecto ni que podamos atribuirle automáticamente cambios cerebrales específicos.
Por eso prefiero una afirmación mucho más sencilla:
La plastilina puede proporcionar experiencias sensoriomotoras, perceptivas, espaciales y creativas que, cuando forman parte de una práctica significativa y sostenida, pueden contribuir a procesos de aprendizaje en los que participa la neuroplasticidad.
No es tan espectacular como decir "la plastilina cambia tu cerebro en cinco minutos".
Pero es mucho más honesto.
No se trata solamente de fortalecer la mano
Existe además un error frecuente:
pensar que trabajar con plastilina sirve únicamente para desarrollar la motricidad fina.
La motricidad es importante, pero el modelado puede involucrar mucho más.
Puede implicar:
Naturalmente, una actividad no desarrolla todas estas capacidades automáticamente.
Dependerá del diseño de la experiencia.
No es lo mismo decir:
"Haz una bolita durante diez minutos."
que decir:
"Construye un animal que pueda mantenerse de pie, explica por qué elegiste esa forma y modifica tu diseño para conseguir que soporte el peso."
En el segundo caso, la plastilina se convierte en un problema abierto.
Y los problemas abiertos pueden generar experiencias cognitivas mucho más ricas.
Cuando las manos ayudan a pensar
Existe una idea que me acompaña desde hace muchos años:
las manos también piensan.
No literalmente, por supuesto.
Pero cuando utilizamos nuestras manos para manipular el mundo, nuestro cerebro recibe información que puede utilizar para construir representaciones y tomar decisiones.
Por eso, aprender haciendo no significa simplemente "hacer cosas". Significa establecer una relación activa entre pensamiento, percepción, movimiento y entorno.
La plastilina puede ser especialmente interesante porque el material responde inmediatamente a nuestras acciones.
¿Puede la plastilina ayudar a la neuroplasticidad?
La respuesta más rigurosa sería:
La evidencia disponible permite relacionar el modelado con experiencias de aprendizaje motor, sensorial, espacial y activo, procesos en los que la neuroplasticidad participa; pero todavía no es correcto afirmar que la plastilina, por sí sola, produzca un efecto neuroplástico específico y cuantificable.
Esta diferencia es fundamental.
Porque una cosa es decir:
"La plastilina produce neuroplasticidad."
Y otra muy diferente:
"La plastilina puede formar parte de experiencias de aprendizaje que exigen adaptación, práctica, coordinación sensoriomotora y resolución de problemas, procesos relacionados con la plasticidad del sistema nervioso."
La segunda afirmación es menos espectacular.
Pero científicamente es mucho más defendible.
Y aquí aparece algo que me encanta de la plastilina
Cuando un niño modela, podemos ver algo que muchas veces permanece invisible durante una clase tradicional.
La neuroplasticidad también nos habla de esperanza
Quizá esta sea la parte que más me emociona.
Hablar de neuroplasticidad no significa prometer que todo puede cambiar sin límites.
No significa que podamos superar cualquier dificultad simplemente "entrenando el cerebro".
Pero sí nos recuerda algo extraordinariamente importante:
el cerebro humano no es estático.
La experiencia importa.
La práctica importa.
El entorno importa.
La interacción importa.
El aprendizaje importa.
Y eso significa que cada experiencia educativa puede tener valor.
Cuando un niño vuelve a intentar algo que no le salió bien, está practicando.
Cuando modifica una figura, está adaptándose.
Cuando descubre una solución diferente, está aprendiendo.
Cuando transforma una idea en una forma, está representando.
Cuando toca, observa y vuelve a intentar, está participando activamente en su aprendizaje.
Plastilina, neuroeducación y M.O.D.E.L.A.
Aquí encuentro una conexión especialmente interesante con mi propia propuesta de trabajo.
Si pensamos en el modelado desde una perspectiva neuroeducativa, podemos diseñar experiencias que involucren diferentes dimensiones:
Así, la plastilina deja de ser simplemente un material. Se convierte en un medio para diseñar experiencias de aprendizaje.
Una última reflexión
Quizá la neuroplasticidad nos esté enseñando algo que la plastilina ya nos enseñaba desde hace mucho tiempo.
La experiencia nos transforma.
No somos exactamente los mismos después de aprender una habilidad, comprender una idea o vivir una experiencia significativa. Por eso, cada vez que entregamos un pedazo de plastilina a un niño, quizá no estemos simplemente dándole un material para jugar. Estamos ofreciéndole una oportunidad para explorar.
Reflexión final
Tal vez ahí esté una de las mayores riquezas de trabajar con las manos.
Porque mientras el niño transforma la plastilina, también está aprendiendo a transformarse a sí mismo mediante la experiencia. Y quizá por eso, después de tantos años trabajando con este material, sigo creyendo que hay algo profundamente educativo en una frase muy sencilla:
Las manos no solo crean. También ayudan a aprender.
Bibliografía
Nota sobre la evidencia
La relación entre plastilina y neuroplasticidad debe formularse con cautela. Existe evidencia sólida de que el aprendizaje de habilidades motoras se acompaña de cambios en el sistema nervioso y de que la práctica y la experiencia pueden modificar la organización funcional y estructural relacionada con determinadas habilidades. También existe investigación educativa que respalda el uso del modelado con arcilla como herramienta de aprendizaje, especialmente en tareas de representación tridimensional y aprendizaje activo. Sin embargo, no existe base suficiente para afirmar que modelar con plastilina, por sí solo, produzca un cambio neuroplástico específico o que genere nuevas neuronas automáticamente.
La fuerza de la propuesta está, precisamente, en diseñar experiencias significativas en las que el estudiante tenga que percibir, actuar, pensar, crear, corregir y volver a intentar.
