El cerebro que organiza

Plastilina y funciones ejecutivas: cuando crear también exige planificar, recordar y adaptarse

 

Hay niños que comienzan una figura de plastilina sin saber exactamente cómo terminará.

  • Primero hacen una bola.
  • Después agregan otra.
  • Prueban una forma.
  • La cambian.
  • Algo se cae.
  • Lo vuelven a colocar.
  • De pronto descubren que necesitan una base más grande.
  • Entonces cambian de estrategia.
  • Desde afuera parece simplemente un niño jugando con plastilina.

 

Pero si observamos con más atención, podemos encontrar algo mucho más interesante:

el niño está tomando decisiones, manteniendo un objetivo en mente, controlando impulsos, recordando instrucciones y adaptándose a los problemas que aparecen durante la construcción.

 

Es decir, está poniendo en juego algunas de las capacidades que conocemos como funciones ejecutivas.

 

Y aquí aparece una pregunta fascinante:

¿Puede la plastilina convertirse en una herramienta para crear experiencias que pongan en práctica las funciones ejecutivas?

 

La respuesta requiere precisión.

 

No podemos afirmar que "la plastilina desarrolla las funciones ejecutivas" como si existiera una relación automática y demostrada para cualquier niño.

 

La investigación específica sobre plastilina y funciones ejecutivas todavía es limitada.

 

Pero sí sabemos que las funciones ejecutivas son fundamentales para el aprendizaje, que incluyen procesos como la inhibición, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva, y que existe una relación entre competencia motora y funciones ejecutivas durante el desarrollo. Además, las actividades que exigen planificación, control, adaptación y resolución de problemas pueden ofrecer oportunidades para poner estas capacidades en práctica.

Y ahí es donde la plastilina puede convertirse en una interesante compañera del maestro.

 

¿Qué son las funciones ejecutivas?

 

El término puede sonar complicado, pero la idea es bastante sencilla.

Las funciones ejecutivas son un conjunto de procesos cognitivos que utilizamos cuando necesitamos dirigir nuestra conducta hacia un objetivo.

 

La investigadora Adele Diamond identifica tres funciones ejecutivas centrales:

Control inhibitorio, memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva.

 

A partir de ellas se apoyan procesos más complejos, como el razonamiento, la resolución de problemas y la planificación.

 

Estas capacidades nos permiten detener una respuesta impulsiva, mantener información activa mientras trabajamos, cambiar de estrategia cuando una solución no funciona y dirigir nuestra conducta hacia una meta.

 

Podríamos decir que funcionan como una especie de sistema de organización mental. No son una sola habilidad. Son un conjunto de herramientas que trabajan de manera coordinada.

 

La primera gran función: inhibir

Imaginemos a un niño construyendo un puente de plastilina.

  • Ha colocado una pieza.
  • No funciona.
  • Su primera reacción podría ser aplastarlo todo y comenzar nuevamente.
  • Pero el maestro le pregunta:
  • "Espera. Antes de destruirlo, ¿qué podrías cambiar?"
  • El niño se detiene.
  • Observa.
  • Piensa.
  • Y decide retirar solamente una parte.
  •  

Eso es interesante. No porque haya demostrado automáticamente que su función ejecutiva mejoró, sino porque la actividad le está ofreciendo una situación en la que necesita detener una respuesta inmediata y elegir otra acción.

 

El control inhibitorio implica precisamente la capacidad de controlar una respuesta dominante o impulsiva cuando necesitamos actuar de otra manera.

  • En el aula aparece constantemente.
  • Esperar un turno.
  • No responder inmediatamente.
  • Mantenerse en una tarea.
  • Ignorar una distracción.
  • Cambiar una respuesta cuando descubrimos que era incorrecta.
  • La plastilina puede crear situaciones pequeñas y concretas donde estas demandas aparecen de forma natural.

 

La segunda: memoria de trabajo

Ahora imaginemos que el maestro dice:

"Construye un animal que tenga cuatro patas, una cola larga, dos orejas grandes y una cabeza más pequeña que el cuerpo."

El estudiante tiene que recordar esas condiciones mientras trabaja.

No puede estar consultando la instrucción cada segundo.

Debe mantener parte de esa información activa mientras manipula el material.

Eso involucra la memoria de trabajo.

La memoria de trabajo no es simplemente recordar algo durante unos segundos.

Es mantener y utilizar información mientras realizamos una tarea.

Por ejemplo:

"Primero hago el cuerpo, después las cuatro patas y finalmente la cabeza."

Mientras trabaja, el estudiante necesita conservar la meta.

Y aquí podemos aumentar progresivamente la dificultad.

Desafío 1

"Construye un animal con cuatro patas."

Desafío 2

"Construye un animal con cuatro patas y una cola larga."

Desafío 3

"Construye un animal con cuatro patas, una cola larga, dos orejas y una característica que tú inventes."

Desafío 4

"Construye el animal siguiendo cinco condiciones que recordarás sin volver a mirar la tarjeta."

La actividad se convierte en una experiencia de memoria de trabajo.

Nuevamente, no significa que por hacer estas actividades el niño necesariamente aumentará su memoria de trabajo.

Significa que la actividad plantea una demanda cognitiva relacionada con esa función.

Y esa diferencia es fundamental.

 

La tercera: flexibilidad cognitiva

Esta quizá sea una de las funciones que más fácilmente podemos observar mientras modelamos.

Imaginemos que un estudiante quiere construir un dinosaurio de pie.

  • Lo intenta.
  • Se cae.
  • Lo intenta nuevamente.
  • Se vuelve a caer.
  • Entonces cambia las patas.
  • Tampoco funciona.
  • Decide aumentar la cola.
  • Ahora se mantiene.

 

¿Qué ocurrió? El estudiante tuvo que abandonar una estrategia que no estaba funcionando y probar otra.

 

Eso es un ejemplo cotidiano de flexibilidad cognitiva.

 

La flexibilidad implica poder cambiar de perspectiva, modificar una estrategia o adaptarnos cuando las circunstancias cambian.

 

Y la plastilina tiene una característica maravillosa para trabajar este concepto:

el material permite modificar rápidamente nuestras decisiones.

  • Podemos quitar.
  • Agregar.
  • Aplastar.
  • Reconstruir.
  • Cambiar.
  • Volver a intentar.

 

Cuando el problema aparece dentro de la figura

 

Una de las mejores formas de trabajar las funciones ejecutivas es plantear problemas que no tengan una única solución inmediata.

Por ejemplo:

"Construye una torre de plastilina que tenga al menos 20 centímetros de altura y que pueda mantenerse de pie durante un minuto."

Ahora tenemos un desafío.

El estudiante debe:

Pensar cómo comenzar.

Calcular aproximadamente las proporciones.

Decidir dónde colocar el material.

Probar.

Observar.

Corregir.

Y volver a probar.

Si la torre se cae, no existe necesariamente un fracaso.

Existe información.

"La base era demasiado pequeña."

"Había demasiado peso arriba."

"Necesito hacer una estructura diferente."

La figura se convierte en un problema que debe resolverse.

 

Planificación: antes de construir, pensar

 

La planificación es una función ejecutiva de orden superior.

Implica anticipar acciones para alcanzar un objetivo.

Podemos trabajarla de manera muy sencilla.

Antes de entregar la plastilina, el maestro puede preguntar:

"¿Qué quieres construir?"

"¿Qué necesitarás?"

"¿Por dónde vas a comenzar?"

"¿Qué partes debes hacer primero?"

"¿Qué podría salir mal?"

No estamos buscando una respuesta perfecta.

Estamos enseñando a anticipar.

Incluso podemos pedir al estudiante que haga primero un pequeño boceto.

Después puede construir.

Al finalizar, podemos comparar:

Lo que imaginé → Lo que hice → Lo que tuve que cambiar.

Esta comparación es muy valiosa porque permite hacer visible el proceso de planificación.

 

Monitorear: darse cuenta de cómo estamos trabajando

 

Existe otra capacidad importante: el monitoreo.

Mientras realizamos una tarea, necesitamos preguntarnos si estamos avanzando hacia el objetivo.

Por ejemplo:

"¿Mi figura realmente se parece a lo que quería construir?"

"¿Me falta una parte?"

"¿Estoy utilizando demasiado material?"

"¿La estructura puede sostenerse?"

"¿Estoy siguiendo las instrucciones?"

El estudiante aprende a observar su propio proceso.

Eso puede relacionarse con la metacognición: pensar sobre nuestro propio pensamiento y sobre la manera en que estamos aprendiendo.

La plastilina ofrece una ventaja:

el resultado está frente a nuestros ojos.

Podemos comparar inmediatamente lo que queríamos hacer con lo que realmente construimos.

 

Un ejercicio sencillo: "Construye sin empezar"

 

Esta actividad puede ser muy interesante para el aula.

El maestro muestra durante unos segundos una figura sencilla.

Después la retira.

Los estudiantes no pueden comenzar inmediatamente.

Primero deben pensar.

Pueden incluso decir en voz alta qué partes recuerdan.

Después construyen.

Al finalizar comparan sus modelos con el original.

¿Qué recordaste?

¿Qué olvidaste?

¿Qué parte fue más difícil?

¿En qué orden construiste?

¿Tu estrategia funcionó?

Aquí aparecen memoria de trabajo, planificación, monitoreo y flexibilidad.

Y algo todavía más importante:

el estudiante puede empezar a tomar conciencia de cómo aprende.

"Ahora hazlo de otra manera"

Otra actividad sencilla consiste en plantear una segunda construcción.

Por ejemplo:

"Construye una casa."

Cuando terminan:

"Ahora construye otra casa, pero no puedes utilizar la misma estrategia que utilizaste antes."

El objetivo no es hacer una casa mejor.

Es obligar al estudiante a buscar una alternativa.

También podemos decir:

"Construye el mismo objeto utilizando solamente tres colores."

O:

"Construye el mismo objeto con una base diferente."

O:

"Transforma tu figura inicial en otra completamente distinta."

Aquí aparece la flexibilidad cognitiva.

El error como información

Una de las grandes ventajas de trabajar con plastilina es que el error puede convertirse rápidamente en información.

Si una figura se cae, podemos preguntar:

"¿Por qué crees que ocurrió?"

Si una parte no encaja:

"¿Qué podríamos modificar?"

Si el resultado es diferente al esperado:

"¿Qué aprendimos?"

De esta manera, el error deja de ser únicamente algo que debemos evitar.

Se convierte en una fuente de información para ajustar la estrategia.

Y esto tiene una conexión importante con las funciones ejecutivas:

una estrategia flexible necesita información para saber cuándo debe cambiar.

 

La creatividad también necesita organización

 

Existe una idea equivocada según la cual la creatividad sería simplemente dejar que la imaginación fluya sin restricciones.

 

Pero crear también implica organizar.

 

Una persona puede tener muchas ideas y, sin embargo, necesitar planificación para convertir una de ellas en un producto concreto.

 

La revisión sistemática de Pasarín-Lavín y colaboradores, que analizó 12 estudios en niños y adolescentes, encontró una relación especialmente clara entre flexibilidad cognitiva y creatividad, mientras que la evidencia para otras funciones ejecutivas fue menos consistente.

 

Esto resulta muy interesante para la plastilina. Cuando un estudiante imagina un personaje, no solamente necesita una idea.

Necesita decidir:

  • ¿Qué forma tendrá?
  • ¿Cómo estará compuesto?
  • ¿Qué materiales necesita?
  • ¿Cómo resolverá las partes difíciles?
  • ¿Qué hará si la primera versión no funciona?
  • La creatividad necesita imaginación.
  • Pero también necesita organización.

 

Las manos y las funciones ejecutivas

 

Aquí aparece un punto de conexión con nuestros artículos anteriores.

La investigación no nos permite decir que trabajar con plastilina "activa las funciones ejecutivas" de manera automática.

 

Pero sí encontramos evidencia más amplia sobre la relación entre desarrollo motor y funciones ejecutivas.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 incluyó 44 estudios sobre niños y adolescentes de 5 a 18 años y encontró una asociación positiva pequeña entre competencia motora y funciones ejecutivas. Los autores señalan que los pocos estudios experimentales disponibles son prometedores, pero que todavía se necesita más investigación para establecer mecanismos causales.

 

Esto es especialmente interesante porque modelar implica una actividad motora fina y coordinada.

 

Sin embargo, debemos evitar dar un salto lógico:

Que exista una asociación entre competencia motora y funciones ejecutivas no demuestra que la plastilina, por sí sola, produzca mejoras en las funciones ejecutivas.

 

Lo que sí podemos hacer como docentes es aprovechar el modelado para diseñar actividades que exijan planificación, memoria, control, adaptación y resolución de problemas.

 

La plastilina como desafío, no como entretenimiento

 

Quizá esta sea la diferencia más importante. Podemos utilizar plastilina como entretenimiento. Y no hay nada malo en ello. El juego libre también puede tener valor.

 

Pero cuando queremos utilizarla como herramienta pedagógica, debemos agregar un desafío.

 

Por ejemplo:

Actividad: "El puente imposible"

Construye un puente de plastilina que pueda sostener un pequeño objeto durante 30 segundos.

Funciones que pueden ponerse en juego:

Planificación.

Resolución de problemas.

Memoria de instrucciones.

Flexibilidad.

Monitoreo.

Actividad: "El animal secreto"

El docente entrega cinco características que deben recordarse y construirse sin volver a mirar la lista.

Funciones:

Memoria de trabajo.

Atención.

Planificación.

Monitoreo.

Actividad: "Cambia la estrategia"

Construye una torre que se mantenga de pie.

Después debes construir otra utilizando una estrategia diferente.

Funciones:

Flexibilidad cognitiva.

Planificación.

Resolución de problemas.

Actividad: "Tres errores"

El maestro introduce deliberadamente tres errores en un modelo.

Los estudiantes deben encontrarlos y explicar cómo corregirlos.

Funciones:

Atención.

Control inhibitorio.

Memoria de trabajo.

Razonamiento.

Actividad: "Construcción por etapas"

El docente entrega las instrucciones progresivamente.

El estudiante debe recordar cada etapa mientras construye.

Funciones:

Memoria de trabajo.

Planificación.

Monitoreo.

 

¿Y qué ocurre con la atención?

 

Las funciones ejecutivas y la atención están estrechamente relacionadas.

 

Para construir algo siguiendo determinadas condiciones, el estudiante necesita seleccionar información relevante y mantener el objetivo mientras trabaja.

 

Por ejemplo:

"Construye una casa, pero recuerda que debe tener tres ventanas, una puerta circular y un techo triangular."

La tarea exige atención porque el estudiante debe mantener presentes las condiciones relevantes.

Pero nuevamente debemos tener cuidado.

No podemos concluir simplemente:

"La plastilina aumenta la atención."

Lo que podemos decir es:

ciertas tareas de modelado pueden diseñarse para exigir atención sostenida y control de la información relevante.

Es una afirmación mucho más precisa.

 

No todos los niños necesitan el mismo nivel de desafío

 

Una actividad puede ser demasiado fácil. Otra puede ser demasiado difícil. Si el desafío es mínimo, el estudiante puede realizarlo casi automáticamente. Si es excesivo, puede aparecer frustración.

 

Por eso, el maestro puede graduar la dificultad.

Nivel 1

"Construye una esfera."

Nivel 2

"Construye un animal utilizando tres formas básicas."

Nivel 3

"Construye un animal siguiendo cinco condiciones."

Nivel 4

"Construye un animal que pueda mantenerse de pie y explica cómo resolviste el problema."

Nivel 5

"Construye dos animales diferentes utilizando la misma cantidad de material y explica qué estrategia cambiaste."

 

La misma plastilina. Diferente demanda cognitiva.

 

El maestro puede observar el proceso

 

Otra ventaja de trabajar de esta manera es que el producto final no es lo único importante.

El maestro puede observar:

  • ¿Cómo comenzó el estudiante?
  • ¿Planificó?
  • ¿Pidió ayuda inmediatamente?
  • ¿Probó diferentes estrategias?
  • ¿Se frustró cuando algo salió mal?
  • ¿Pudo modificar su estrategia?
  • ¿Recordó las instrucciones?
  • ¿Revisó su trabajo?

 

Estas observaciones pueden proporcionar información pedagógica valiosa.

 

Pero hay que tener una precaución:

observar una actividad de plastilina no equivale a realizar una evaluación neuropsicológica.

 

Un docente puede observar comportamientos relacionados con una tarea. Eso no significa que pueda diagnosticar una alteración de las funciones ejecutivas. La evaluación clínica o neuropsicológica requiere profesionales capacitados y herramientas apropiadas.

 

¿Puede la plastilina entrenar las funciones ejecutivas?

 

La respuesta más responsable sería:

Puede ofrecer oportunidades para ponerlas en práctica, pero no debemos afirmar que la plastilina por sí sola las entrena o mejora de manera garantizada.

 

Sabemos que las funciones ejecutivas pueden desarrollarse y que existen intervenciones que han mostrado mejoras en determinados contextos. Una revisión y metaanálisis de 90 estudios con 8.925 niños encontró que diferentes intervenciones conductuales pueden favorecer las funciones ejecutivas, aunque los efectos dependen del tipo de intervención y de las medidas utilizadas.

 

Por eso, si queremos utilizar plastilina con este propósito, la pregunta correcta no es:

"¿Qué efecto produce la plastilina sobre el cerebro?"

Sino:

"¿Qué demanda cognitiva estoy diseñando cuando utilizo plastilina?"

Esa pregunta cambia completamente nuestra manera de enseñar.

 

Una caja de plastilina puede convertirse en una caja de desafíos

 

Tal vez esa sea una de las formas más interesantes de mirar este material.

No pensar únicamente:

"¿Qué figura podemos hacer?"

Sino:

"¿Qué desafío cognitivo podemos construir?"

Podemos construir una torre.

Pero también podemos construir un problema de equilibrio.

Podemos construir un animal.

Pero también podemos construir un desafío de memoria.

Podemos construir una casa.

Pero también podemos construir un ejercicio de planificación.

Podemos construir un personaje.

Pero también podemos pedir que se transforme siguiendo nuevas reglas.

La figura es solamente la superficie.

Debajo de ella está el proceso mental.

 

Reflexión final

 

Las funciones ejecutivas nos ayudan a organizar nuestra conducta para alcanzar objetivos.

  • Nos permiten detenernos antes de actuar.
  • Recordar lo que necesitamos hacer.
  • Cambiar de estrategia.
  • Planificar.
  • Resolver problemas.
  • Y mantenernos orientados hacia una meta.

 

Curiosamente, muchas de esas acciones aparecen de manera natural cuando intentamos construir algo que todavía no sabemos cómo hacer.

 

Quizá por eso la plastilina sea un material pedagógicamente tan interesante.

 

  • Porque no siempre nos da la respuesta.
  • Nos obliga a buscarla.
  • La figura se cae y tenemos que pensar.
  • La instrucción cambia y tenemos que adaptarnos.
  • Olvidamos una parte y tenemos que recordar.
  • La primera estrategia no funciona y tenemos que probar otra.
  • Y cuando finalmente logramos construir aquello que imaginábamos, no solamente tenemos una figura frente a nosotros.
  • Tenemos también la huella de todas las decisiones que tomamos para llegar hasta ella.

 

Por eso, la próxima vez que veamos a un niño modelando plastilina, quizá valga la pena mirar un poco más allá de la figura.

  • Preguntarnos qué está recordando.
  • Qué está planificando.
  • Qué está inhibiendo.
  • Qué está cambiando.
  • Qué problema está resolviendo.
  • Y qué está aprendiendo sobre su propia manera de aprender.

 

Porque tal vez la plastilina no sea simplemente una masa que podemos transformar.

 

Tal vez sea un pequeño laboratorio donde aprender a organizar el pensamiento.

 

Bibliografía

 

  1. Diamond, A. (2013). Executive Functions. Annual Review of Psychology, 64, 135–168. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-113011-143750.
  2. Diamond, A. (2012). Activities and Programs That Improve Children's Executive Functions. Current Directions in Psychological Science, 21(5), 335–341. https://doi.org/10.1177/0963721412453722.
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Nota editorial sobre la evidencia

 

La relación entre plastilina y funciones ejecutivas debe plantearse con cautela. La literatura científica respalda ampliamente la importancia de las funciones ejecutivas para el aprendizaje y describe como componentes centrales el control inhibitorio, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva. También existe evidencia de una asociación entre competencia motora y funciones ejecutivas durante la infancia y adolescencia.

 

Sin embargo, la evidencia específica que demuestre que el modelado con plastilina, por sí solo, produce mejoras directas y generalizables en las funciones ejecutivas todavía es insuficiente.

 

Por ello, este artículo presenta el modelado como una herramienta que puede diseñarse para poner en práctica determinadas demandas ejecutivas, no como un tratamiento ni como un entrenamiento cognitivo garantizado.

 

La diferencia es importante: la plastilina no hace el trabajo del cerebro; crea situaciones en las que el estudiante puede utilizar el cerebro para planificar, recordar, controlar, adaptar y crear.

 

 

Raúl Vásquez — Comunicador, Artista y Educador Creativo